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Soy mala persona

¡Hola, hola, hola! Mis pequeñas curiosillas, soy una mala persona, muy, muy mala. Os he tenido abandonadas durante casi cuatro meses; no habéis sabido de mí, ni por Facebook, ni por Twitter, ni por aquí.



No os lo merecéis, lo sé. Pero la vida a veces viene como viene, y mi tiempo libre se ha reducido considerablemente por una serie de catastróficas desdichas.

No, no se ha muerto nadie, ni ha habido enfermedades en la familia (¡toquemos madera!). No os voy a aburrir con mis penalidades que no son tales, sino que simplemente he tenido un cambio de circunstancias forzosas y no puedo dedicar el tiempo a perderlo en las redes sociales. Tuve que escoger entre dedicar el poco tiempo libre que mis obligaciones me dejan a escribir, o a entrar en las redes, y escogí lo primero. ¡Seguro que vosotras lo comprendéis y lo preferís!

He conseguido terminar mi segunda novela, que ya está en manos de la editorial y más pronto de lo que pensáis, la pondrá a la venta. Ahora voy a tomarme un tiempo de descanso para reordenar ideas antes de ponerme con la siguiente, por que sí, amenazo con otra más ja ja ja ja ja. Escribir se ha convertido en una buena manera de liberar tensiones, ¿sabéis? Pero ahora mismo mi mente necesita relajarse y descansar.

Por eso, lamentablemente, he dejado colgado este blog y Las locuras de Mari Tere. Es un paro forzoso pero provisonal. Espero tener ganas y tiempo para volver muy pronto, porque echo de menos todo esto mucho más de lo que pensaba. Actualmente, me es imposible seguir con el mismo ritmo que tenía antes.

Publicaré alguna entrada informativa sobre mi nueva novela, Échale la culpa al karma, o la publicación en papel de Malos presagios, pero poco más. Espero que lo comprendáis.

Un beso muy grande, mis niñas. Se os quiere mucho.


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¡¡Parón veraniego!!


¡¡¡SIIIIIIIIII!!!

Porque yo también tengo derecho a unas vacaciones, el blog queda abandonado hasta mi regreso a mediados de septiembre. 


Pero qué desesperación, hija mía.

Ya sé, ya sé, qué vais a hacer sin mí durante todas estas semanas. Pues la respuesta es muy sencilla: si no sabes qué leer, cómprate Malos presagios, o cualquier otra novela (¡o todas las novelas!) de DirtyBooks.

Podéis tener unas vacaciones muy interesantes si me hacéis caso.

Prometo volver a mediados de septiembre con más entregas de LAS LOCURAS DE MARI TERE, de mis MUSOS, y, si me da tiempo, de una nueva novela. ¿Os apetece?

No os olvidéis de mí, caperucitas.

¡¡PASAD UNAS MUY BUENAS VACACIONES DE VERANO!!





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Las locuras de Mari Tere #10

Fue un momento «tierra trágame» por parte de ambos. Mía, porque esta boca que tengo nunca piensa lo que va a decir. De él, porque se sintió avergonzado de que yo hubiera oído lo que pasaba en mi piso la noche anterior.
–Marga es muy escandalosa –susurró sin mirarme.
–Bueno, todas lo somos cuando nos lo hacen bien. Supongo.

Y también nos quedamos así, como sorprendidas, ¿verdad?


Intenté ser lo más natural posible, haciendo como que no me había fijado en lo vulnerable que él parecía en aquel momento. Entonces me di cuenta de que se avergonzaba de lo que hacía, y me sentí triste por él. ¿Qué es lo que puede llevar a alguien a vender su cuerpo a cambio de dinero?
–¿Supones? –El brillo de picardía volvió a sus ojos. Lo vi cuando se giró para mirarme.
–Solo he tenido un novio, y Gerardo no es que fuera la gran cosa en la cama.
–Pues me alegro que lo dejarais. Una mujer como tú, merece un hombre que la haga gritar de placer en la cama.
 Lo dijo con voz enronquecida, muy sexy, y se me pusieron todos los pelos de punta. De golpe y porrazo, mi mente voló y me imaginé en la cama con él, siendo yo el objeto de su deseo, y totalmente enfocado en mí.
¿Os imagináis como me puse?

Unos calores que me entrarooooon, madre.


Eeeexactamente. Como una moto. Me entraron picores donde no debía, y mis pies quisieron salir corriendo de allí.
–Bueno, estoooo… Gracias. Mejor me voy y te dejo solo con tu cocina, que aquí no hago más que estorbarte y decir tonterías. –Di dos pasos atrás pero, antes de girarme para salir corriendo de allí, añadí–: Si necesitas cualquier cosa, pica en el timbre.
–De acuerdo. Eso haré.
Salí echando leches, con el corazón a mil por hora, y subí las escaleras de dos en dos. 

Correeee, locaaa, que te pillaaaaaa.

Volver a mi piso fue deprimente, no porque estaba hecho unos zorros, sino porque estaba vacío.
Aquel rato hablando con Nacho, con esa confianza que habíamos logrado durante unos minutos, había sido revelador para mí. Había hecho evidente lo sola que estaba, y cuánta falta tenía de un hombre; y no solo para un revolcón en la cama. Con Gerardo nunca había llegado a tener esa sensación de camaradería que había logrado con Nacho en ese escaso rato que habíamos estado hablando, y de repente me di cuenta que nunca habíamos sido amigos, o cómplices. Nuestras conversaciones siempre habían girado en torno al trabajo, los amigos y el fútbol. Bueno, cuando hablaba de fútbol yo hacía como que escuchaba, y de vez en cuando soltaba un «ajá» que él interpretaba como interés, pero que en realidad le estaba diciendo «me estás aburriendo mortalmente, tío, ¿no te das cuenta?».
Y, de repente, tuve la incontrolable necesidad de hacerme amiga de Nacho.

Continuará...  En septiembre.





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Giulio Berruti, o por qué los italianos nos ponen

Giulio Berruti es un actor y modelo italiano, que se hizo famoso por protagonizar una serie de televisión en su país, La Figlia de Elisa - Ritorno a Rivombrosa, donde le puso rostro (y cuerpazo) al marqués Andrea Van Necker-Casalegno.

El título se las trae, y suena a culebrón que tira para atrás, de esos de época que nos vuelven locas, nos encantan y nos pegan a la pantalla moqueando como posesas.

Ayyyyy, ¿no está para comérselo?

Me he muerto y estoy en el cielo de las lascivas



El muchacho tiene una de esas miradas moja bragas que nos alteran las hormonas y nos manda la mente y el sentido común al carajo, porque, ¿qué c**o no daría palmas si te dirige una mirada de estas?

¡Plaf! (Ese es el sonido de mis bragas al caerse al suelo. Sí, llevo bragas de abuela y hacen mucho ruido).


Ha participado en varias películas, incluso una española en el año 2010, junto a Unax Ugalde, que se titula Bon Appétite. Pero si queréis más información, podéis buscarla en la Wikipedia, que aquí venís a ver fotos. ¿O no?


Eso, eso, camisa fuera, que hace muuuucho calor.



¡Azótame con la camisa! ¡Más fuerte, malandrín!



Provocadoooorrrr, que eres un provocadooorrrrrr
Espero que no hayáis llenado el teclado o el móvil de demasiadas babas, que al final los del servicio técnico os van a mirar muy mal. ¡Hasta la próxima!












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Las locuras de Mari Tere #9

–¿Eres un gigoló?
La pregunta lo pilló desprevenido. Habíamos estado diez minutos en silencio, él preparando la cena para su «invitada», y yo admirando su habilidad en la cocina.
–¿Gigoló? Sí, es una manera de decirlo, aunque me han dedicado nombres mucho menos bonitos.
–Me lo imagino. Hay gente muy pacata por ahí.
–¿Tú no lo eres?
–¿Estás de coña? Alquilo mi vivienda a viejos verdes que vienen a follar con tías de mi edad. Y ahora, a ti. ¿Tú crees que eso es ser una mojigata?

¿Pacata, yo? ¡Ja! Si supieras las cosas sucias que ocurren en mi mente mientras hablo contigo...


–Supongo que no, pero nunca se sabe. Una vez tuve una clienta que, entre polvo y polvo, se empeñaba en devolverme al camino recto. No veas los discursos que me soltaba.
–¿Y los aguantabas?
–Pagaba bien, y tengo la extraña habilidad de oír sin escuchar, si entiendes lo quiero decir.
–Lo entiendo perfectamente. Yo la desarrollé durante los dos últimos años de noviazgo.
–¿Tienes novio?
–Ya no –exclamé con repugnancia, controlando un escalofrío–. Gracias a Dios me deshice de él a tiempo.
–¿Tan malo era?
–No era malo, pero tampoco era bueno. Y tú, ¿tienes novia?
–¿Tú crees que alguna chica soportaría que su novio se ganase la vida como lo hago yo?
–Bueno, de todo hay en la vida del Señor.
Se echó a reír mientras sacaba la bandeja del horno y la dejaba sobre la encimera de la cocina.

Si lo oyérais reír, se os caerían las bragas. De verdad de la buena.


–No, no tengo. Una chica a la que no le importara cómo me gano la vida, no me interesa. Y de momento, no puedo dejarlo.
–¿Por qué? –Tenía verdadera curiosidad. Era evidente que Nacho se movía en un mundo de lujo que yo solo conocía a través de las películas. La ropa que vestía, sus modales, el reloj caro que llevaba en la muñeca, el coche que le había visto la noche anterior… hasta su corte de pelo gritaba «pasta».
–Por los contactos, y porque todavía no he ahorrado lo suficiente para poner en marcha mi sueño.
–¿Tu sueño?
–Ajá.
Por supuesto. Todos tenemos sueños, ¿no? ¿Por qué él no iba a tenerlos?
–¿Y cuál es?
Se echó a reír, avergonzado. Estuvo callado un rato mientras preparaba las cosas y las iba poniendo en la bandeja del horno.
–Poner mi propio restaurante –dijo finalmente–. ¿Te parece una locura?
–¿Que te guste cocinar? Me parece maravilloso. Me encantan los hombres que saben cocinar. Yo soy un auténtico desastre en la cocina.


Cuidado con los accidentes, que la cocina es muy traidora...


Y es verdad. Sé hacer las cuatro cosas básicas: un cocido, unos macarrones, huevo fritos con patatas, y alguna cosilla más. Pero no me pidas nada que sea complicado, porque acabaremos cenando pizza congelada.
–Pues un día te invitaré a cenar y te haré algo para que te chupes los dedos. Pato confitado al aroma de canela y naranja, quizá. Sí, creo que tienes cara de que te guste el pato.
Lo dijo impulsivamente, sin pararse a pensar en sus palabras, porque cuando terminó la frase se quedó tieso como un palo y sin mirarme, como esperando que yo lo mandara a freír espárragos.
–¿En serio? –exclamé con verdadera alegría–. ¡Me encantaría! Nunca he comido pato. Pues oye, serías una joya de novio, en serio. Guapo, buena persona, cocinero excelente, y además, por lo que oí anoche, seguro que follas como Dios. Si las tías fuesen inteligentes, se pelearían por ti.
Se puso rojo como la grana y apartó sus ojos de los míos. ¡Ma cagüen! Este filtro mío, que cuando me relajo parece que se toma vacaciones, siempre está metiéndome en situaciones delicadas. «Por lo que oí anoche, seguro que follas como Dios». ¿Cómo se me ocurrió decirle algo semejante?


Continuará...



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Las locuras de Mari Tere #8

El susto que me llevé cuando encendieron la luz, fue morrocotudo. Durante un momento creí que iba a escupir el corazón por la boca, y cuando conseguí enfocar los ojos, vi a Nacho delante de mí, con una bolsa de la compra en una mano y en la otra, un esmoquin recién sacado de la tintorería, colgado de una percha y cubierto por una funda de plástico transparente. Parecía algo avergonzado y me dirigió una sonrisa un tanto contrita.


No grité, pero poco me faltó. Jesús, qué susto...


–Hola –me dijo–. Espero que no te moleste que haya venido un rato antes. He llamado a tu casa para decírtelo, pero no has contestado al telefonillo.
Yo estaba con la boca abierta, y me di cuenta que tenía un rastro húmedo de babas que me caía por la comisura. ¡Dios, que vergüenza! Me limpié rápidamente con el dorso de la mano y me levanté.
–¿Eh? No, no… ¿qué hora es? –pregunté, abochornada porque me hubiera encontrado allí. Iba con lo trapos de hacer limpieza, que son una camiseta raída y manchada, un pantalón de chandal todavía más viejo y unas zapatillas de deporte que suplican por su jubilación. Y el pelo recogido en un moño mal hecho con una pinza de esas con dientes enormes, comprada en los chinos. Todo glamour, oye.

Talmente yo en aquel momento.


–Las seis y media.
–Ah.
«Ah». ¿En serio? ¿Eso fue todo lo que se me ocurrió decir? Como una tonta me quedé ahí mirándolo sin moverme. Todavía estaba aturdida por la pedazo de siesta que me había echado y mi cerebro funcionaba al ralentí.
–¿Y qué haces aquí media hora antes?
No quise sonar malhumorada ni brusca, pero supongo que no lo conseguí, porque Nacho se puso rojo como la grana. Levantó la bolsa de la compra que llevaba en la mano y se encogió de hombros.
–He ido a comprar la cena y he terminado antes de lo que pensaba. Creí que no te importaría si venía antes. Pero si te molesta, me voy y regreso luego.
No sonó ofendido. Estaba más bien… resignado. Sí, esa es la palabra. Como si no le sorprendiese mi reacción.
–No, no, no me molesta –quise arreglarlo. Sonreí y yo también me encogí de hombros–. Bueno, siendo sincera, me molesta que me hayas sorprendido totalmente sopa y con estas pintas.
Me reí, y él me secundó. Menos mal. Ese brillo de abatimiento que había vislumbrado levemente, se esfumó como por arte de magia. Dejó el esmoquin sobre el sofá y caminó hacia la cocina, mientras me decía:
–Hoy voy a cocinar para mi invitada. –«Invitada». Así es como siempre llama a sus clientas–. Es uno de mis dones.
Me sonrió, seductor, totalmente recuperada la confianza en sí mismo.

Casi se me caen las bragas, os lo juro.


–¿Y cuáles son los otros? –le pregunté, siguiendole los pasos. Me arrepentí en seguida de haber preguntado eso, al recordar lo de la noche anterior, pero no se tomó la pregunta a malas. Giró el rostro e hizo bailar las cejas.
–Eso es top secret –bromeó.
–Ah, que ahora eres James Bond. ¿Un Mata Hari masculino?
Me apoyé en la puerta de la cocina mientras él sacaba las cosas de la bolsa y las dejaba sobre el poyo. Se echó a reír al oír mi tonta gracieta.
–No, nada de información a cambio de sexo. Solo dinero. ¿Te molesta?
Me miró otra vez con ese brillo de inseguridad, como si esperara que yo me echara las manos a la cabeza y lo echara a patadas de allí.
–Para nada. Cada quién se gana las habichuelas como quiere.


Continuará...




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Tom Hiddlestone, Asgard no hubiera sido lo mismo sin ti

No, no hubiera sido lo mismo, porque uno de los grandes atractivos de la mitología nórdica que nos presenta Marvel, no es precisamente Thor (que sí, que también, y ya le dedicaré una entrada), sino Loki. Y Loki no hubiera tenido tanto éxito, si no hubiera estado interpretado por Tom Hiddlestone.

Creo que todas estamos de acuerdo con esto, ¿verdad?

Tom Hiddlestone ha aportado al personaje un carisma que ha calado hondo en la población femenina, y ha conseguido que nos pareciera guapo y follable a pesar de lo malo malote que es.

Sí, eres malo, no hace falta que me mires con esa cara de «nunca he roto un plato».


Nos hizo sufrir de lo lindo en La cumbre escarlata, con ese personaje tan oscuro y lleno de secretos.



Y nos deleitó con imágenes como esta...


O esta...





O esta...



He de confesar que no me enteré mucho de la película (tendré que volver a verla otra vez), porque me la pasé limpiándome las babas. ¡Mira que está guapo, el puñetero!

Todavía tengo pendiente por ver El infiltrado, la serie que ha protagonizado junto a Hugh Laurie (sí, el mismísimo doctor House). Pero viendo imágenes como la que os dejo a continuación, comprenderéis por qué le tengo tantas ganas.

¡Y ese movimiento de cadera! ¡Y ese culito!


Y ahora os dejo porque tengo que ir a darme una ducha fría, que este verano está siendo in-so-por-ta-ble. Y estas imágenes no ayudan mucho.





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